¿Alguna mujer decidiría no tener bebés por mantener su bella relación en pareja? Sí, esta historia habla de una mujer que está tan feliz en su relación actual y quiere evitar la presión de un bebé. Ya una vez vivió la separación tras un hijo

Ella ya tiene un hija de 14, fue la más feliz, pero reconoce el caos que generó en su vida empezando por la carencia de sueño. Ama a los bebés pero su existencia no necesariamente es sinónimo de dicha.

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Parejas con o sin hijos
Daniel Gilbert, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, en su libro "Stumbling on happiness" analiza varias investigaciones y concluye que la satisfacción marital disminuye después del nacimiento del primer hijo.
Getty Images

Datos e investigaciones

    Daniel Gilbert, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, en su libro "Stumbling on happiness" analiza varias investigaciones y concluye que la satisfacción marital disminuye después del nacimiento del primer hijo.

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    Al analizar la rutina de varias parejas, explica Gilbert, se pudo comprobar que las personas son tan felices interactuando con sus hijos, como haciendo trabajos de la casa. Aunque no descarta el hecho de que amen a sus pequeños, en la vida diaria la carga de responsabilidades tiende a teñir con un efecto negativo la felicidad.

    Las razones de este malestar tienen que ver, en el caso de las mujeres, con el impacto en su estilo de vida, en especial al tener que sacrificar sus ambiciones profesionales. Los hombres, por su parte, tienden a resentir el no tener suficiente dinero y tiempo para socializar y viajar.

    La otra cara de la moneda
    Las conclusiones presentadas en estas investigaciones han causado revuelo, en especial entre los padres que se consideran dichosos de haber formado una familia. Por su parte, las parejas que no tienen hijos, por decisión propia, opinan que estos informes corroboran que su determinación de no reproducirse es más inteligente de lo que la sociedad piensa.



Cuando su hija tenía dos años, su padre y ella terminaron su matrimonio. Esto es frecuente, mientras el bebé recibe todo, las relaciones se van mermando. El marido -ahora padre- y la esposa -ahora madre- se ocupan en mirada la cuna y se olvidan de mirarse uno al otro, y cuando finalmente lo hacen, han perdido interés.

Esta pareja se conoció en la escuela. Llevaban juntos más de una década, se desarroballan en su carrera. Eran compañeros que partieron todo 50/50. Era todo bueno. Después de que su bebé nació, las diferencias de género inevitables vinieron. Como muchos padres, él se sentía incrédulo ante una bebé ejemplar (dormía y comía sin remilgos, además estaba sanísima). Él trató de involucrarse, la alimentaba y cambiaba sin ayuda. Finalmente estableció una relación con su hija, pero él y su esposa ya no tenían relación.

Lo intentaron, contrataron niñera para hacer uso de su tiempo como pareja. Fueron buenos esfuerzos pero ya no había pasión. Todas sus pasiones estaban enterradas y su energía se dirigía a su hija.

El divorcio llegó, y ella lo relaciona con su transformación en madre. Fue particularmente difícil cuando sus padres eran un ejemplo de matrimonio estable y la separación no era bien vista en un suburbio del sur de California.

¿"Mamá casera"? Esa clasificación no existió en su vida. Conocía muchas madres que no trabajaban, vivían la depresión postparto, el agotamiento, del aburrimiento, la carencia de interés en el sexo y en sus maridos.

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